CONSTRUYENDO LA REALIDAD DONOGOO-TONKA

El personaje es un viejo geólogo cuya principal ambición es ingresar a Academia de Ciencias, desgraciadamente, sus enemigos recuerdan que en su juventud escribió un artículo sobre la ciudad de Donogoo- Tonka, situada en el corazón de la selva amazónica.

Después se comprobó que esa ciudad no existía; ello imposibilita su elección.

Un aventurero le propone sacarlo del aprieto.

Anuncia por los diarios que se ha descubierto oro en el río que atraviesa Donogoo, luego multiplica los artículos que describen las rencillas de los buscadores de oro que atraviesan la selva para llegar primero a este El dorado. Por todas partes, desde Marsella, San Francisco y Shanghai, se embarcan hombres llenos de esperanza para participar en la aventura y volverse ricos. Al no encontrar la ciudad por parte alguna, un grupo completamente agotado decidió acabar con su búsqueda y colocó, en broma, un cartel a la entrada del campamento con el nombre de Donogoo-Tonka. Llegaron otros aventureros, se unieron a los primeros, atrajeron a los siguientes y el campamento se convirtió en una ciudad. Luego llegó un grupo de comerciantes para aprovechar la clientela y se instaló allí. Para satisfacer las necesidades de esta muchedumbre se necesitaron médicos, prostitutas, sacerdotes, policías. ..La presencia de cada uno se justifica y se vuelve útil por la presencia de los otros. La ciudad de Donogoo-Tonka existe porque se ha hecho creer que existe.  Así, el viejo profesor pudo ingresar a la Academia. La moraleja de la historia es que la actividad de un grupo es provocada por la existencia misma del grupo. Cada uno desarrolla necesidades de alimentación, salud, espectáculos, vestimenta, que dan un valor a los bienes propuestos por los comerciantes, las enfermeras, los cantantes, los sastres. Tales bienes serían productos inútiles si no se hubiera manifestado la necesidad de ellos. La riqueza de la colectividad es generada por la comunicación de los que tienen las necesidades con los que pueden responder a ellas. La riqueza son los otros. O, más exactamente, la posibilidad de intercambio con los otros. Este es el punto de partida de la reflexión y, por tanto, del análisis de lo que se produce en el curso de este intercambio. Por ello no es suficiente evocar los intercambios de que hablan los economistas. Más allá de las relaciones entre los que dan y los que reciben, el intercambio puede ser considerado como la especificidad de nuestra especie, especificidad que le ha permitido manifestar esa extraña propiedad que es la conciencia.

Tomado del libro: Yo acuso a la Economía triunfante de Albert Jacquard. Editorial Andres Bello

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