EL INSTINTO DE PROTECCIÓN DE LA MADRE LUNA

El instinto de protección ha garantizado la evolución de la vida. Conmueve observar cómo salvajes y exóticos animales se organizan para preservar su especie. Actualmente, difundidos estudios del cerebro humano avalan que en el hipotálamo albergamos una memoria ancestral que nos enlaza con las primigenias especies.

Parece que el instinto de protección no es sólo es una propiedad de los seres orgánicos en la Tierra, sino también, una peculiaridad del cosmos. La astronomía ha comprobado que la atracción generada por la Luna en torno a la Tierra es esencial para que ésta no se bambolee y han concluido que “sin la Luna, probablemente, resultaría inviable la vida terrestre”.

Desde tiempos remotos se conoce cómo los ciclos lunares se relacionan con los tiempos de gestación, las mareas y los estados de ánimo en las personas. A medida que la ciencia progresó, la Luna dejó de ser una deidad para convertirse en un satélite con gran incidencia en los fenómenos terrestres.

El arquetipo de la madre en la psiquis

En todo ser humano habita el arquetipo de la madre. En la psicología, un arquetipo es una energía colectiva que pulsa fuerzas, en la psiquis individual, provocando una tendencia innata a experimentar la realidad de una determinada manera.

El arquetipo de la madre se vincula con las fuerzas que empujan nuestras reacciones emocionales, las conductas que ejecutamos para protegernos ante posibles amenazas, la manera de preservarnos y de proteger a nuestra prole. Es una energía femenina, receptiva, atractiva, retentiva y de repetición autónoma.

Según la psicología, el aprendizaje de este arquetipo se produce, en la más tierna infancia, en el vínculo emocional que entablamos con mamá. En cada uno de nosotros habita “una madre” que nos empuja a sentir y reaccionar de maneras diferentes. Algunos, pasarán gran parte de su existencia en el diván de algún terapeuta intentando liberarse de madres devoradoras, sufrientes, ausentes, sobreprotectoras, etcétera.

Amerita preguntarnos ¿Son las madres realmente “culpables” de nuestras conductas emocionales? Basta una rauda mirada para darnos cuenta que no todas las personas respondemos de igual manera ante experiencias similares de la infancia.

El arquetipo de la madre en la carta natal

Al nacer somos arrojados a un ambiente misterioso habitado por extrañas vibraciones. La astrología se ocupa de describir ese inexplorado mundo (al cual somos lanzados) en términos de energías y fuerzas cósmicas, su instrumento: la carta natal.

La carta natal contiene la fotografía del cosmos en un determinado lugar al momento de nacer. Será el astrólogo quien interprete esa simbología (sobre el rol del interprete, remito al lector al artículo que he publicado, en este medio, en agosto 2015 “Una enigmática práctica milenaria: la interpretación astrológica”).

En la carta natal podemos decodificar las energías del arquetipo de la madre que nos habita observando la posición de la Luna. ¡Increíble, pero real! En más de 25 años de práctica de este arcano no encontré una sola persona que no respondiera a las cualidades que me sugerían su configuración lunar. Además, con el tiempo, con sólo observar las reacciones emocionales puedo deducir qué luna tiene una persona. Y, utilizando una expresión frecuente por estos tiempos, ¡No es magia! Tan sólo una correspondencia entre el cielo y la tierra.

La Luna, según el signo por donde transite al momento de nacer (Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis), según su posición en la carta natal y aspectos con otros planetas configurará un núcleo de respuesta instintiva que pulsará disponiendo:  1) cómo percibiré a mi madre y entorno familiar 2) cómo me protegeré ante posibles amenazas 3) qué reclamaré para sentirme seguro emocionalmente 4) qué cualidades afectivas tenderé a recrear en los vínculos en general y finalmente, 5) qué dones emocionales puedo lograr mediante el control de mis impulsos instintivos.

A modo de ejemplo, tomemos un caso de  persona con luna en Aries (un signo de fuego, representado por el carnero que embiste, es una energía activa, extrovertida, iniciadora, reactiva, etc.) y otra con luna en Géminis (un signo de aire, representado por los gemelos, es una energía activa, extrovertida, vincular, comunicativa, conectiva).

El niño con luna en Aries pudo percibir (y experimentar en la vida real) a la mamá enojada, vivir en un ambiente familiar donde se libraban fuertes batallas o que existieron hechos de violencia de algún tipo, y desde pequeño, respondió a su entorno con berrinches y pataleos frente a la mínima frustración.  Este sujeto, cada vez que se sienta amenazado o defraudado reaccionará como “leche hervida” sin medir las consecuencias, con exageradas muestras de su enojo, tomando decisiones intempestivas. El don emocional que podría alcanzar alguien con luna en Aries: tener un extraordinario olfato para el peligro e inigualable capacidad de conquista y defensa. Personaje famoso con luna en Aries: Antonio Banderas.

El infante con luna en Géminis pudo percibir (y experimentar en la vida real) a la mamá como habladora, criticona, quejosa y/o distraída, en su entorno, los tópicos sobre los cuales debatir o cuestionar sobreabundan. Desde temprana edad el chiquillo estuvo pendiente de lo que se decía “esto se debe” o “lo otro no se hace o no se dice” “así se porta un niño educado”… Este sujeto guarda en su memoria emocional “cientos de cartelitos con frases” a las cuales recurrirá para sentirse seguro emocionalmente, vincularse afectivamente o protegerse. Aprendió que “las palabras” son su “tabla de salvación” para no zozobrar en las amenazantes aguas del dolor, angustia o desasosiego.  El don emocional que podría alcanzar alguien con luna en Géminis: desarrollar una extraordinaria habilidad para comunicarse sensiblemente, ser excelente orador, tal como Barak Obama.

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