Filosofía y Derecho

En busca de un holo-pensamiento filosófico

En Derecho se referencia a “la conciencia” en múltiples contextos dando por sobreentendido qué es la conciencia, o al menos, no definido precisamente. Sin embargo, al definir «lo que la Conciencia es», tal como lo planteamos, nos habilitamos para una profunda reflexión y transformación de los fundamentos filosóficos sobre los cuales se ha construido el entramado del Derecho vigente.

El uso del vocablo “conciencia” atraviesa la literatura, la religión, la psicología, la filosofía y expresiones del acervo cultural desde la antigüedad hasta nuestros días. Algunas expresiones que trascendieron los tiempos: Santo Tomás de Aquino, “… todo ser humano lleva en su conciencia la ley natural, en virtud de la cual sabe lo bien que hay que hacer y el mal que hay que evitar”; René Descartes, “… la conciencia es la sustancia pensante en contraste con la sustancia extensa”; John Milton, “Denme la libertad para saber, pensar, creer y actuar libremente de acuerdo con la conciencia, sobre todas las demás libertades”; Friedrich Nietzsche, “El contenido de nuestra conciencia está todo en lo que, en los años de infancia, nos exigieron sin motivo personas que admirábamos o temíamos. Desde la conciencia se suscita el sentimiento de necesidad (“esto debo hacerlo, esto no”), que no pregunta: ¿por qué debo? –En todos los casos en que una cosa se hace “puesto que” y “porque”, el hombre actúa sin conciencia; pero no por eso contra ella. –La creencia en la autoridad es la fuente de la conciencia: “ésta, no es la voz de Dios en el pecho del hombre, sino la voz de algunos hombres en el hombre”.

Al indagar sobre su etimología encontramos referencias que atribuyen la popularización, en el uso actual, a Marco Tulio Cicerón quien, en sus obras, difundió la acepción latina “conscientia”, que se interpretaría como “estar consciente del bien y del mal”. Sin embargo, también encontramos un vocablo análogo que habría sido de uso corriente entre los pensadores griegos del siglo V a.C., “syneidesis” el cual sugería la “unión” con alguna “capacidad imaginativa” que prescindiría de juicios morales.

Sin embargo, el término “consciencia” tendría un pasado más remoto: en antiguas filosofías babilónicas que datarían del 2000 a.C. Algunos historiadores sostienen que estas ideas se trasladaron a Occidente por intermedio de los primeros filósofos griegos, en particular, por los pitagóricos, y se referencia a una obra de origen difuso: ¨La armonía de las esferas”[1]. Estos pretéritos conocimientos afirmaban que el universo físico, en su origen, parte de una misma sustancia (la energía) cuya “inteligencia creadora” reside en la “Conciencia absoluta”. El mundo manifestado –frecuencias perceptibles de la energía- albergaría una “conciencia” análoga a aquella “Conciencia absoluta”[2].

Hacia mediados del siglo XIX, la resistente trama de la racionalidad “iluminada” comienza a rasgarse con la irrupción de la subjetividad, lo interpretativo y antiguas filosofías. De esta manera, el conocimiento en Occidente fluye en tres direcciones: a)  las ciencias que sujetarán sus constataciones e interpretaciones a la racionalidad; b) las ciencias que progresarán hacia una hermenéutica de lo humano y lo subjetivo; c) los saberes arcanos – o metafísicos- cuya validez será cuestionaba por tres razones: c´) por la ausencia de constataciones científicas, c´´) por asociar estos conocimientos a creencias de índole religiosa, c´´´) por el grado de hermetismo con que actuaban sus voceros.

[1] Juan de Dios Bares, La armonía de las esferas, http://dspace.usc.es/bitstream/10347/1035/1/pg_041-058_agora12-2.pdf.  La teoría de la armonía de las esferas influyó en los textos de Platón (La República, 530d y 617b; Critón, 405c); en Aristóteles (Tratado del cielo, 290b12); y en Johannes Kepler, La armonía de los mundos, 1619. 

[2] Actualmente, filosofías hindúes y budistas.