LA IRRESISTIBLE OFERTA DEL ENCANTADOR DE SERPIENTES

Cuántas mujeres caen cautivadas en los brazos (o quizás en las garras) de ese susurro atento, íntimo, sensual, seguro, complaciente, por lo general, un caballero atractivo, solvente, gentil, encantador: ¡Un verdadero premio!

No sólo las mujeres, sino también, los hombres seducidos por mujeres bellas, sumisas, manipuladoras, fogosas, e incluso exitosas: ¡Una verdadera conquista!

Encantadores existen de varios tipos, cada uno suspirará por aquel que le satisfaga mayores apetitos insatisfechos. En esta nota me referiré a: los sutiles silbidos del encantador (a) de serpientes, cómo se configura este “modus operandi” y por qué algunas (o algunos) son fatalmente hechizados por estas personalidades.

El encantador de serpientes

El encantamiento de serpientes es un oficio que se aprende desde la niñez, y que, en algunos países, constituye un destino familiar que se transmite de generación en generación. 

Los encantadores de serpientes, trabajan con variadas especies, algunas muy venenosas,  todas ellas bien entrenadas en el arte de responder a las vibraciones del Pungi (instrumento para música folklórica hindú).

Si bien es creencia popular que la serpiente escucha la música, lo cierto es que, ellas son sordas. Los réptiles responden a las vibraciones emitidas por el Pungi, que impactan y sienten en su cabeza. Ellas han sido entrenadas, de manera tal que, cuando registran las vibraciones reconocen que podrían ser atacadas o que podrían alimentarse.  Por cierto, su instructor se ocupa de mantenerlas hambrientas para su mejor espectáculo.

El encantador ubica al pitón en una cesta a obscuras, cuando la destapa ejecuta su instrumento calculando con exactitud a qué distancia colocarse: conoce muy bien cuánto podrá extenderse cada la serpiente en busca de lo deseado.

Otra nota de color: ¡El estilo de vida vagabundo del encantador de serpientes!En busca de espectadores se traslada de pueblo en pueblo, por plazas, mercados y fiestas. Ah! Si el maltratado animal muere, para continuar su espectáculo, rápidamente, lo reemplaza por otro.

En este milenario oficio, observamos cómo un animal peligroso mediante el engaño, confusión y habilidosas tretas queda sometido, mediante el entrenamiento, a los ardides del errante encantador de serpientes.

“Modus operandi” del encantador de serpientes.

Existen determinadas configuraciones psicológicas propensas a generar dinámicas operativas análogas a las del encantador de serpientes: descubrir lo deseado por el otro, anunciar la irresistible oferta, y finalmente, estafar al cautivo.

En mi trabajo astrológico-terapéutico he observado que en las cartas natales del encantador de serpientes se evidencian energías y arquetipos que indicarían a priori cómo se podría configurar el poderoso núcleo inconsciente de estas personalidades. En todos ellos existen indicadores de: 1) dificultad para definir o regular los propios deseos; 2) fuerte presencia de energías dominantes y fantasiosas proyectadas; 3) la existencia de un caudal de energías que el sujeto  necesita experimentar y rechaza debido a que las mismas entran en conflicto con sus mandatos familiares que siente no puede desobedecer; 4) la ausencia de sentimientos de culpa.

Al explorar las experiencias intra-familiares, comúnmente, se verifica la existencia de algún progenitor dominante-manipulador al cual, por diversas razones, el niño(a) no pudo desobedecer o que si le hubieran desobedecido le hubiera produciría “una intolerable culpa” por el supuesto “dolor o desilusión o daño” que le hubiera causado a esa madre (o padre). De este modo, el infante genera una fuerte represión de sus deseos inaceptables para satisfacer los aceptables deseos de su entorno. Con el tiempo asume que ha “hecho lo correcto” o que “así deben ser los niños buenos”. Simultáneamente, se gestará “la sombra” en donde albergará resentimiento y deseos compulsivos reprimidos.

Al indagar sobre qué desea el encantador de serpientes asombra descubrir que: a) no tienen claridad respecto cuáles son  sus propios deseos o b) no pueden regular la intensidad de su deseo o c) se arrojan a la satisfacción inmediata y ciega del objeto que es deseado e) carecen de empatía para registrar el dolor que su engaño produce.

En él (o ella) existe una disfuncionalidad respecto al propio deseo que aparece sobre-compensada con la excesiva claridad que posee respecto de lo que el otro desea, necesita y lo satisface: ¡Él (ella) lo percibe al instante!

El encantador de serpientes no experimenta culpa. Al investigar, emerge una especie de convicción de que al satisfacer el deseo del otro se produce una redención de las propias faltas. Por ejemplo, resulta usual que quienes tienen muchas amantes, y están en pareja o casados sientan que no abandonan la relación oficial porque ella –o él- lo ama, lo necesita o no podría vivir sin él –o ella- o por alguna otra justificación.  Otra muestra, en relación a manejo de dinero, de alguna manera, son participes de espurios negocios (engaños, estafas, defraudaciones, contrabando, drogas) donde justifican sus acciones en “el degradado mundo que vivimos”, o en “mantener el status”, o en “la importancia de su rol como proveedor del bienestar de su prole”, o en “darle una mano a algún amigo”. Es decir, de alguna manera, experimentan que han quedados  prisioneros de una cuestión ajena a ellos y que los empuja a satisfacer las  supuestas necesidades de otros, excusas que agudizan su indolencia respecto a la responsabilidad sobre dicho  proceder.

En suma, estás personalidades, por una parte, lo desean todo y se lanzan a su obtención de manera inmediata, por la otra, permanecen deseosos de más experiencias. La cuestión no pasaría a mayores sí, al mismo tiempo, no tuvieran recursos tales como encanto, seducción, y habilidades de manipulación.

Fatalmente ilusionado (a)

Se baila de a dos. ¿Por qué muchas (os) sucumben al escuchar “la irresistible oferta”? Es evidente,  algo los atrae poderosamente, tal como, la serpiente encerrada en la cesta, han recibido un temprano entrenamiento en estar hambrientas, anhelantes, expectantes.

En la psquis del encantado perdura alguna ilusión muy arraigada que anhela imperiosamente satisfacer. Este núcleo se origina en tempranas, y persistentes, experiencias traumáticas que han fijado un intenso dolor psíquico inconsciente por la carencia de afecto, seguridad o aprobación. En algún punto, el encantado, o encantada, siente que su ilusión será satisfecha y su dolor sanado, lamentablemente, con el tiempo, descubrirá que ha pasado por alto “muchos e importantes detalles” de la realidad.

Por doquier, historia de personas atraídas y engañadas por “irresistibles ofertas”, tratadas, cuantiosamente, por la psicología y el cine. Para los interesados, sugiero un libro, best seller,  “Las mujeres que aman demasiado” de Robin Norwood (que a mi criterio, también, es válido para hombres que aman demasiado) y  dos films: La Gran Estafa y Ojos Grandes.

Las configuraciones astrológicas indican la necesidad de realizar importantes discernimientos en torno a las energías del eje Tauro-Escorpio, Venus-Plutón, Virgo-Piscis, Mercurio-Quirón-Neptuno. En varias cartas estudiadas han coincidido que tenían: a) ascendente en Tauro (Casa VII en Escorpio), b) ascendente en Virgo (Casa VII) en Piscis, c) Neptuno y/o Plutón en Casa VII, d) planetas personales tales como Venus, Marte, Sol y/o Mercurio en la Casa XII y, en menor medida, estos planetas en la Casa VIII.

Así el  “encantador de serpientes” es un tipo de personalidad que tendrá dificultad para identificar qué desea y, en consecuencia, saber qué necesita  para obtener goce o placer, es decir, no puede identificar qué y procurarnos los satisfactores. Así deseo-necesidad-satisfactor operan como un trinomio indisoluble.

Si bien existen muchos aspectos que en nuestras energías natales resultan indicadores evidentes de deseos-necesidades-satisfactores, en particular, los relativos a Tauro y Venus merecen un espacio destacado en estas configuraciones.

En las personas que he estudiado resultó frecuente que tuvieran ascendente en Tauro, Venus Plutón en aspecto tenso, Venus en Casa XII, VIII o Venus en Escorpio.

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